Nuestro cerebro se reconecta con nuestros actos, y como tendemos a actuar de una misma forma, llegamos a pensar que somos de una manera concreta e inamovible.
En realidad, lo único que sucede es, que al actuar siempre de una misma forma, hemos creado conexiones neuronales estables que nos hacen repetir comportamientos, realimentando el proceso.
Saber esto nos anima al cambio, al comprender que podemos reconectar nuestro cerebro en otro sentido. Si perseveramos en nuevos comportamientos y respuestas emocionales, las conexiones neuronales serán estables y, desde un observador externo, parecerá que ha cambiado nuestra personalidad.
Podemos concluir diciendo que, nuestra personalidad no es algo inmutable, sino algo que hemos ido configurando durante toda nuestra existencia, por tanto, disponemos del poder, y con ello de la responsabilidad de modelarnos hacia una persona mejor.
Recientes estudios arrojan luz entre la relación de nuestra forma de ser y la estructura de nuestro cerebro.
El vídeo que aparece a continuación es un extracto de la película "¿Y tú que sabes?" En el que se explica la reconexión del cerebro, la relación entre nuestras emociones y la química de nuestro cuerpo.