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Artículo publicado en Training & Development www.fernandoiglesias.com/Training&Development.pdf La sinfonía está muy bien pero la complejidad actual invita al Jazz ya que es más innovador, da más espacio a las ideas de cada uno. Además, no hay nadie que dirija el todo (director de orquesta) y permite que cada uno aporte su personalidad. Hay que ser muy bueno para colocarse en el medio de la estrella del equipo -todo pasa por mi- y sobrevivir a la dinámica del mercado. Y hay mucha gente que lo hace, porque hay mucha gente muy buena, pero se sufre mucho… ¿o no? Es normalmente aceptado que el coaching se basa en una relación entre dos personas, el coach y el coachee, en adelante “el interesado”. Pero también es cierto que las cosas importantes suceden entre varios. Este artículo defiende la conveniencia de hacer coaching al líder de la “banda” y al equipo, en un mismo proceso. Desde luego, no es nuevo que el coaching empieza por la introspección, que no es otra cosa que reconocerse a sí mismo. A mí me gusta contarlo como aceptar quien eres, el que podrías ser y el que nunca podrías ser. Especialmente esto último. Además de sobrevivir a la dinámica del mercado voy a tener que superar todos mis puntos débiles, ¡qué horror! Por suerte la respuesta es no. Se trata de todo lo contrario, el resultado del coaching, entre otras cosas, tiene que ser liberador. Esta forma de mirar el mundo nos anima a vernos desde las capacidades. Para ello es importante que, una vez aceptado uno mismo, el interesado empiece a ver a su equipo más allá de un conjunto de roles, y lo vea como una pócima; ingredientes que, combinados adecuadamente, se convierten en algo superior. Pero ¿cuáles son los ingredientes? Podemos ver los ingredientes de cada uno en tres categorías: el conocimiento -lo que sé-, las capacidades -cómo me manifiesto y me relaciono-, las emociones -lo que me mueve o me inmoviliza-. Esto se puede hacer desde el coaching uno a uno, siendo el interesado el que hace el trabajo de campo. Empezando por sus puntos fuertes; esto es, “pillándoles haciendo cosas bien”. Ahora bien, mezclar la pócima es una tarea mucho más compleja, además de ir acompañada de un pasado, con sus anclajes, normas no escritas, emociones poco productivas y conversaciones no mantenidas. ¿Por qué dejar solo al interesado en la parte más delicada? En el proceso de coaching individual se supera bien la gestión y aceptación de uno mismo y de los demás. Pero qué difícil trasladar a todo un grupo de personas una misma forma de ver el mundo, además del dichoso quáter. En el coaching de equipo todos aprenden al mismo tiempo algo que el líder ya quiere hacer. Un equipo, para convertirse en una pócima, requiere reconocerse, ser capaces de aceptar, valorar y requerir los ingredientes que cada uno aporta al equipo. Realmente, nos sentimos reconocidos cuando los demás reconocen nuestra individualidad, aquello que nos caracteriza y hacemos bien. En definitiva, nos sentimos realmente bien cuando sentimos que en el seno del equipo desarrollamos toda nuestra individualidad y, al mismo tiempo, pertenecemos a algo que nos hace más grandes. Pongo como ejemplo a Xerjio Treviño, miembro del comité de dirección de Vaillant Group, y al equipo que lidera. El equipo que lidera Xerjio es un equipo de éxito compuesto por: Responsable Marketing Grupo, Responsable Comunicación, Jefe Producto, Responsable Marketing Web, Jefe Nuevos Productos / Tecnologías, Responsable Sistemas de Gestión. Pero también está compuesto por María, Teresa, Myriam, Manu, Txomin, Gorka, Javi y Xerjio. Con ingredientes emocionales muy distintos: a unos les mueve de la silla lo nuevo, a otros la cohesión, a otros el rigor, y así sucesivamente. Para mezclar los ingredientes necesitamos distintas capacidades de equipo; la cocreación, esto es pasar de mi idea a nuestra idea, sin vencedores ni vencidos; la apertura para mostrarnos, entender y que nos entiendan, y la empatía para ver más allá de mi realidad. Liderar desde aquí es tener un ojo en la dinámica y el otro en el contenido. Este tipo de entrenamiento es mucho más rápido si se hace en el seno del equipo. Esto es lo que nos cuenta Xerjio de su experiencia en el proceso, aún en curso, de coaching individual y de equipo: “Todos estamos acostumbrados a nuestros propios paradigmas de éxito y el día a día no te permite cuestionarlos, pero… ¿estamos seguros de que ese es el éxito que queremos? Pues bien, ese fue uno (de muchos) de los beneficios obtenidos del proceso de Coaching con Fernando. A lo largo de este proceso se me ha dado la oportunidad de realizar una reflexión acerca de mi propia definición de éxito y se me ha invitado a identificar cuáles son los elementos que van a ayudar a la consecución del mismo (La ruta del tesoro).Por otro lado, el proceso me ha hecho (me hace y me hará) reflexionar de una manera importante acerca de quien soy, y por ende, de quien puedo llegar a ser y de quien no seré nunca. Este simple ejercicio te ayuda enormemente en tu día a día y evita la frustración que te puede llegar a crear el intentar ser algo que no eres (además de todo el tiempo que esto consume). Tras este proceso introspectivo de reconocimiento de tus capacidades puedes comenzar a mirar al resto. Es ahí en donde comienzas a darte cuenta de que si “esto” funciona con una única persona (conmigo)…. ¿por qué no aplicarlo a mi equipo? El resultado: comienzo a reconocer a mi equipo de una manera que antes no había… ¡por sus capacidades! Todo esto, además de permitirme realizar una mejor gestión de los recursos de los que dispongo (dado que las debilidades de unos se complementan con las capacidades de otros), me ha ayudado a incrementar la motivación del equipo y, lo que es más importante a comenzar un nuevo proceso: “CO-CREAR” que no es nada más (y nada menos) que crear todos juntos, que encontrar soluciones a los problemas de manera conjunta aprovechando las capacidades de cada uno. ¡Imagínense! Ya no piensa uno solo… ¡pensamos todos! El equipo aprende pero, además, comienza a querer hacer. Sale fortalecido con esa nueva forma de ver el mundo. Todo lo comentado hasta ahora no es sino el resultado del esfuerzo de los últimos meses… trabajo que, sin lugar a dudas, deberé seguir realizando a lo largo de toda mi carrera profesional y personal. Porque si hay algo que extraer de todo este proceso es que no sólo va de la vida profesional sino que habla mucho de personas. De momento hemos (mi equipo y yo) aprendido cuál es el camino…. Ahora tenemos que comenzar a andar.” En vista de que el proceso afecta tanto al líder como al equipo, adjunto algunas de sus opiniones. “Personalmente creo que es necesario “entrenar” mucho para conseguir que esta forma de trabajar sea algo natural y automático, tanto a nivel individual como de equipo”. Txomin Gorostiaga. “Todo este proceso me ha permitido identificar mis capacidades y por tanto desarrollarme en aquello que mejor sé hacer, además de apoyarme en mis compañeros para cubrir mis debilidades. El proceso nos ha dado una metodología nueva para analizar y enfrentarnos a los problemas del trabajo de una forma más eficiente. En su conjunto la experiencia es muy positiva… ¡Tenemos que entrenar!” Myriam Doria. “A mí, individualmente, me sirvió de coaching personal en la medida que me permitió verme desde el punto de vista de las capacidades y no de mis puntos débiles.” Teresa Chaves. “A mí el proceso me parece acertado. Me parece un poco pronto para “dejarnos volar”. Gorka Goiri. “Personalmente, creo que este proceso de coaching nos puede ayudar mucho a todos, individualmente y como parte del equipo que somos, pero creo que por ahora, sólo hemos puesto la primera piedra del camino y debemos continuar trabajando para realmente llegar a ser y trabajar, de una forma natural, como grupo.” María Rodríguez.
¿Por qué no terminar el trabajo? ¿No nos ponemos los coaches en una posición demasiado cómoda, mirando los toros desde la barrera y dejando al cliente con toda la responsabilidad en la parte más compleja del proceso? Eso mismo me preguntaba yo. |